| |
PRÓLOGO DEL CATÁLOGO
Notas del taller
Rafael Canogar
Muy pronto decidí ser pintor a pesar de que no había ningún antecedente
familiar. Pasé cinco años estudiando con Vázquez Díaz, desde los
catorce hasta los diecinueve, cuando empecé mi primera abstracción.
Poco después, ya dentro de la abstracción informalista, se formó
el grupo El Paso.
Ha pasado mucho tiempo desde aquello, pero creo que fue entonces
cuando se creó la estructura que conforma toda mi obra, mi pintura,
mi forma de pensar y mi concepción del arte. En estos momentos se
está preparando una retrospectiva de mi obra -cincuenta años de
trabajo- y estoy manejando mucho material fotográfico de mis diversos
períodos. Entiendo, yo así lo veo, que existe un hilo conductor
que nos lleva de un momento a otro, que parece alejarme de ese primer
encuentro con la abstracción, al mismo tiempo que veo singulares
semejanzas, como en un viaje de ida y vuelta continuo.
Empecé a viajar muy pronto, con verdadera hambre de conocer a los
artistas que me había interesado desde los primeros años de estudiante,
al mismo tiempo que mi obra se fue dando a conocer. Fui por primera
vez a los Estados Unidos en el año 60, con 24 años, pero ya con
cierto nombre; fui a casarme, al mismo tiempo que estaba exponiendo
en el Moda, en el Gugemheim y en la Galería Pierre Matisse. Me interesó
mucho Nueva York y me propusieron quedarme, pero yo quise volver
y continuar la labor que habíamos empezado en El Paso.
Decía antes, volviendo ahora a la pintura, que existe una constante
en toda mi obra. Desde un primer momento me interesó, por encima
de todo, la expresividad y la inmediatez. El informalismo heredó
el automatismo creativo del surrealismo y, en ese estado, dejar
fluir las imágenes sin pasar por el filtro de la razón. Por coherencia
con ese espíritu tenía que limpiar de alguna forma mi paleta. No
eran los matices del color tema de m interés, era la expresividad
poética de forma y color. Mi paleta se reducía a pocos colores entonces,
y sigue siéndolo en estos momentos.
He odiado repetirme, copiarme a mi mismo, razón que pueden explicar
mis diversos cambios. He intentado siempre que mi obra fuese una
herramienta de comunicación, que fuese vehículo de transmisión de
ideas, un posicionamiento ético al mismo tiempo que estético. Mis
formas de pinta han cambiado buscando eficacia y puntualidad comunicativa.
Una obra que quedó marcada por la dictadura y mi condición de español,
pero que se reencuentra una vez alcanzada una normalidad democrática.
Mi pintura ha estado siempre marcada por el volumen, por un crecimiento
hacia fuera, de crear objetos tridimensionales, en definitiva por
la realidad pictórica que, a veces, se hace escultura. Me interesa
la enseñanza: he sido profesor de arte en Estados Unidos y he impartido
diversos talleres y conferencias. Yo entiendo que la creación artística
es difícil comprensión y suelo estar dispuesto a la explicación
de los fenómenos pictóricos, pero también es cierto que cada día
necesito más de mi tiempo, que me queda mucho por hacer y tengo
que administrar el tiempo que me quede.
He realizado mucha obra gráfica, me interesa mucho como herramienta
de trabajo. La gráfica me permite expresarme de forma diferente
a como lo hago con la pintura, la escultura o el dibujo. Creo que
enriquece la obra del artista y permite llegar a un mayor número
de personas.
Pintar sigue siendo -después de tantos años- una imperiosa necesidad
vital, una forma de autorrealización: vehículo o correa de transmisión
de todas mis emociones y obsesiones, una herramienta de comunicación
y una forma de ser y vivir.
El arte es ahora, más que nunca, laboratorio de un presente problemático.
No podemos operar de espaldas a estas realidades. La vitalidad y
la fuerza no puede - o no suele- consistir en mantenerse siempre
en las mismas coordenadas. Por coherencia conmigo mismo, y por fidelidad
al espíritu de ruptura que animó mi primer encuentro con la vanguardia
de los años cincuenta, no puedo quedarme en territorios conocidos
demasiado tiempo, en modernos academicismos, en obras ya realizadas.
Pero el paso del tiempo también me ha dado nuevos paisajes, me ha
permitido mirar cada vez más en mi interior, en mi propio yo. Reflexionar
más en términos de forma y materia y su capacidad de expresión y
comunicación: en la evocación de la memoria, o en la conexión con
la realidad del pensamiento, con la imagen mental.
La estructura se forma por la superposición de fragmentos, de trozos
de pasta de papel -acción de "destruir" o de despreciar grandes
planchas de pasta de papel- que crean, en acción "constructiva",
la forma "irregular" de la misma obra, rompiendo el concepto "virtual"
del espacio pictórico. El objeto resultante de esta manipulación
es, al mismo tiempo que forma y matera, ámbito de elementales formas
geométricas que, como signos e iconos, liberan un complejo sistema
de símbolos, del goce contemplativo. Un análisis de esencialidades,
de conjuntos y partes, de improntas presentes y olvidadas arqueologías.
Fuerzas opuestas, lucha de contrarios como parte estructural de
mi obra. "Construcción-deconstrucción", como motor creativo, como
realidad del hombre que vive inmerso en sus propias contradicciones
|