Ventós
Del 1 de marzo al 4 de abril
Una pintura, una escultura, cualquier realización artística, ha de tener un valor y un significado independientes, pero, a un tiempo, formar parte de la obra del artista en su conjunto, que se va definiendo paso a paso. La creación responde a un impulso profundo, que guía a su creador a un nivel no del todo consciente.
Una vez iniciada sigue un curso que puede no ser el previsto, de igual modo que el conjunto, en su desarrollo, se va produciendo también con cierta independencia.
Este proceso parece responder a un programa grabado en el interior del artista, que tendrá variaciones de acuerdo con incitaciones externas. Hay algo de obsesivo en la labor creativa. El máximo rigor, la exigencia que cabe esperar para alcanzar un resultado realmente valioso han de resultar naturales, y la obra, fluida.
Estas observaciones surgen al hilo de esta nueva exposición de Luis Ventós. Todas las esculturas y pinturas constituyen una serie, abierta y cerrada en 2005. El motivo que ha inducido a Lluís Ventós a realizarla fue la impresión causada por la exposición Diosas, presentada en el Museu d’Història de la Ciutat, de Barcelona, en junio de 2000. A ello se sumaría el recuerdo de las diosas que se conservan en el Museo de Historia de Bagdad y las grandiosas imágenes budistas de Bamiyan, destruidas por los talibanes.
El interés por aquellas imágenes en piedra tiene antecedentes en la producción de este artista.
Recordemos la serie de esculturas y pinturas inspiradas en los moais de la Isla de Pascua, que presentó en la misma Sala Parés en el año 2000. Al igual que ahora se ofrecía un abanico que iba de formas cerradas, de material compacto, a otras que se adelgazaban, buscando algo muy esencial, que parecía un signo.
La serie Diosas, realizada en mármol negro de Bélgica, es otro ejemplo de la búsqueda que guía a Lluís Ventós. Al mismo tiempo pone de relieve la línea que podemos considerar principal de la Modernidad en escultura. En ésta, el bloque cerrado, representado ejemplarmente por Mallol, irá abriéndose, con gran impulso a partir de la introducción del hierro por Julio González, y el adelgazamiento de la materia irá vaciando el espacio en una progresiva desmaterialización.
Esta evolución, marcada por la línea más representativa de la escultura del siglo XX, se refleja, condensada, sintetizada, en la personal obra de Lluís Ventós. Vemos aquí esculturas de formas orgánicas, de masas compactas y redondeadas, y otras que van aligerándose de materia hasta alcanzar una simplicidad que concentra la fuerza y significación de las realizaciones que podemos considerar iniciales.
Las primeras evocan las antiguas figuras. Algunas de ellas pueden recordarnos las diosas de la fecundidad del Paleolítico, como la Venus de Lespugue (Mussée de l’Homme, París) y la Figura femenina de Cabras-Cuccuru S’Arriu, Cerdeña, del Neolítico medio (Museo Archeologico Nazionale de Caller). Buen número de estas Diosas tienen redondeadas formas, de marcado carácter orgánico. No se trata de la abultada redondez de otras diosas antiguas, representada por la paleolítica Venus de Willendorf (Naturhistorisches Museum de Viena), e incluso se insinúa una muy suave geometrización, ligada a la bruñida superficie.
En las diosas más abultadas de Lluis Ventós, la estructuración formal en bloques ofrece un resultado muy armónico. La abstracción viene subrayada en la forma que representa la cabeza, que era ya evidente en las figuras de diosas y otras figuras femeninas antiguas -recordemos una tan representativa como la paleolítica Venus de Sevignano (Museo Etnográfico Pigorini, Roma).
En realidad, la abstracción de estas nuevas esculturas es tan clara, y tiene tanto sabor a la mejor modernidad, que si el artista no tuviera interés en recordarnoslas, ya en el mismo título de la serie, no se nos o curriría pensar en aquellas figuras de antiguas diosas. Por otra parte es bien conocida la atracción que ha sentido la vanguardia, escultórica y pictórica, por las culturas más antiguas y por aquellas otras que, manteniéndose en estadios culturales que se han tenido por atrasados, han llegado hasta nosotros. Precisamente el año próximo, 2007, se cumplen cien años del descubrimiento del arte negro y oceánico por Picasso, Matisse, Derain y otros artistas, en el Mussée de l’Homme de París.
Las Diosas de Ventós son modernas tanto por su concepto y la manera como resuelve la forma y la superficie como por ese carácter incorporado del motivo antiguo. Lo que atrae a los artistas enemigos de la modernidad es la etapa inmediatamente anterior, dentro de la tradición iniciada en el Renacimiento, mientras que los amantes de la modernidad, entendida como lo propio del arte verdaderanente creativo, lo vemos en Lluís Ventós, saben ver la profunda relación que existe entre las artes más antiguas y el verdadero arte de su tiempo.
Si las diosas paleolíticas y neolíticas eran ya bastante abstractas, éstas esculturas de Lluís Ventós acentúan más la abstracción. Aunque la figura siga evocándonos, con mayor o menor claridad, la figura humana, el progresivo vaciado de materia de las restantes obras las irá alejando de la línea del bloque cerrado y las acercará a la citada línea de la desmaterialización iniciada por Rodin y acelerada con González.
La coherencia formal irá ligada a cierta discontinuidad, como si la obra estuviera compuesta por una yuxtaposición de formas menores, que se funden en una unidad superior. Esa articulación, desviándose de la vertical, irá trazando, en algunos casos, giros, sin que ello suponga la introducción de una sensación de dinamismo. Pero la obra de este artista es diversa. Otras, que se suponen figuras yacentes, son estáticas. Unas y otras, verticales y horizontales, conforman un grupo en que las Diosas conservan, abstracta, pero explícita, la figura humana.
Otros grupos de esculturas de esta serie, que muestran una mayor abstracción y en las que se abandona la referencia a la realidad figurada, suponen una derivación lógica de los procesos seguidos. Esto no supone que el artista renuncie a recuperar en otro momento la referencia realista.
Lo cierto es que el arte actual, por mucho que pueda parecer lo contrario, mantiene de algún modo el vínculo con la realidad, y son muchos los artistas que terminan por evocarla.
En las esculturas de esta serie hay una gran variedad. Lo fundamental, a mi juicio, es el proceso de aligeramiento de masa y la apertura espacial.
El espacio es uno de los rasgos fundamentales de la escultura moderna. Y el espacio se abre, no sólo envolviendo el cuerpo de la obra, como era tradicional, sino interiormente. Hasta el punto que espacio exterior e interior, resultado del desplegamiento de la forma, constituyen un único ámbito.
La rememoración de las antiguas diosas se hace más abstracta. Hemos de situar estas otras escultura en un proceso, que no es lineal, de adelgazamiento. |
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La joven Dolores
mármol negro
Bélgica
23,5 x 12,5 x 10,5 cm
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Diosa
mármol negro
Bélgica
25,5 x 8 x 10 cm
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Diosa
mármol negro
Bélgica
28,3 x 8,9 x 9,4 cm
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Diosa
mármol negro
Bélgica
31,5 x 6 x 6,5 cm
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Diosa
mármol negro
Bélgica
19,6 x 11,7 x 11,4 cm
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Diosa
mármol negro
Bélgica
26,5 x 8,9 x 12,5 cm
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Diosa
mármol negro
Bélgica
38,5 x 8,9 x 20 cm
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Diosa
mármol negro
Bélgica
24,5 x 9,5 x 10,5 cm
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Diosa
mármol negro
Bélgica
20,2 x 29,5 x 16,3 cm
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Komari
mármol negro
Bélgica
22 x 49,3 x 9,9 cm
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Komari
mármol negro
Bélgica
10 x 29,5 x 19,4 cm
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Diosa
mármol negro
Bélgica
24 x 13,5 x 10 cm
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