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Del 4 de octubre al 24 de noviembre de 2007
MIGUEL FERNÁNDEZ-BRASO
Hace unos días se cumplió el primer aniversario de la muerte de Xavier Valls. La galería Juan Gris –su galería en España- organiza una exposición con sus últimas acuarelas. Desde 1990, cada dos años hemos celebrado una exposición de Xavier Valls. Nunca mejor dicho: cada muestra era una fiesta. Unas veces se trataba de sus pinturas recientes y otras de sus acuarelas, pintadas durante los veranos en su casa de Horta, ahora un barrio de Barcelona.
En esta casa de Horta –que se encuentra cerca de la que nació el pintor- pasaba los meses de junio a septiembre. El estudio de París era como un refugio encaramado frente al Sena. El pintor acababa el curso agotado de trabajo, de concentración, de entrega solitaria, aunque siempre con la sombra protectora de Luisa, su mujer y compañera de vida. Esos nueve meses en París eran esenciales en su vida, pero lo que necesitaba y era esencial también le agotaba. Los tres meses de Horta, sin embargo, suponían la expansión, el contacto con la familia y los amigos de siempre. Eran también la comunicación con la tierra, con el propio paisaje, aunque se encuentre alterado por lo que llamamos civilización y progreso.
La tierra tiene un atractivo especial, es como una piel de siglos que se nutre y se transforma, pero permanece en su esencia. Un jardín –el de Horta es pequeño y romántico, abarcable con la mirada- cambia de luces, de sombras, de sonidos, de habitantes en vuelo de paso. Se nota que es un jardín muy vivido. Luisa y Xavier sabían las mejores horas para disfrutar de cada sombra. El pintor era jardinero de vocación en el estío, curioso por el proceso de la naturaleza, por el paso implacable de la luz y de la sombra.
Los dos polos de su obra eran el estudio de París y su casa de Horta. En estos dos lugares –recoletos, aislados de lo que se cocía en el mundo del arte- se profundizaba en una de las obras más sólidas y personales.
En Horta no pintada al óleo. Los veranos eran para las acuarelas. En el pequeño cuarto de entrada, elaboraba sus precisas y mágicas acuarelas, donde trataba de reflejar el instante fugitivo. Para Valls la acuarela no era en absoluto obra menor, sino complementaria de su particular y exquisito sentido artístico.
Francisco Calvo Serraller –que ahondó lúcidamente en su obra- escribió con motivo de su última exposición: “En estas acuarelas de paisajes entrevistos en una línea de horizonte media, con alineaciones bien escalonadas de árboles que pautan rítmicamente el trasfondo montañoso, o de bodegones de maravillosa arquitectura frutal entre cuencos de cerámica que acopian luz, borbotean colores justo en el límite en que su hervor aún no ha roto la evanescente materialidad de su realidad como objetos, cosas, perspectivas. Se produce entonces una emoción, que emerge, lenta, desde los estratos más íntimos y profundos de nuestra sensibilidad, tocada por el hermoso espectáculo de la parpadeante belleza que así pictóricamente nos es mostrada por Valls, un artista que decididamente nos adentra en el misterio inolvidable de la frágil y conmovedora piel que recubre la realidad visual cotidiana, tanto más invisible cuanto más próxima, desvelamiento de ese instantáneo milagro de la transparencia luminosa hecha pintura.” (1)
Toda la obra de Xavier Valls posee una poesía secreta, con una profundidad en la serenidad, con un sentido mágico del gusto por los objetos y los frutos de la tierra. Sus pinturas y sus acuarelas tienen sus personales vibraciones. Cuesta mucho pensar que estas palpitaciones se han detenido, aunque quedan grabadas en lienzos y papeles. Mirando sus cuadros, recreándose en los latidos de su mano, podemos percibir el temblor luminoso de los gestos y las palabras silenciadas por la muerte.
(1)“El país”, 15 de noviembre de 2003.
"Xavier Valls" La historia de un pintor singular contada por él mismo
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Paisaje del Vallés
Acuarela
25 x 32 cm.
2004
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Montañas azules
2000
Acuarela
25 x 32 cm.
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Jarra y manzanas
2000
Acuarela
50 x 65 cm.
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Montañas de Isabena (Huesca)
2002
Acuarela
50 x 65 cm.
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Paraguayas y pequeño cubo
2002
Acuarela
50 x 65 cm.
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Playa al atardecer
Acuarela
50 x 65 cm.
2003
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Sierra de Montserrat
Acuarela
50 x 65 cm.
2003
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Jarro turquesa con hortensia
Acuarela
65 x 50 cm.
2003
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Jarrito blanco con hojas
Acuarela
32 x 25 cm.
2004
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Pinar del Vallés
Acuarela
25 x 32 cm.
2004
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Sierra de Montserrat
Acuarela
25 X 32 cm.
2004
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Dos membrillos
Acuarela
25 x 32 cm.
2005
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